A 20 años del atentado en la FMRT: ¿Por qué la voladura se intenta resumir en explosión?

Las crónicas sobre la voladura de la Fábrica Militar de Río Tercero (FMRT) se titulan una y otra vez con la palabra “explosión”. No faltan a la verdad, pero es un término ambiguo e insuficiente para lo que ya sabemos qué sucedió allí el 3 de noviembre de 1995, dos décadas atrás, y que Jorge Urien Berri define con precisión en su artículo de hoy en el diario La Nación: “A 20 años del atentado de Río Tercero”.

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Junto con esta reflexión sobre el atentado a la Fábrica Militar de Río Tercero (FMRT) ocurrido hace 20 años se pueden leer otros artículos correspondientes a diferentes momentos de la cobertura de este hecho: Las claves de lo qué pasó en la Fábrica Militar de Río Tercero; Una muerte dudosa vuelve a sacudir la causa; El riojano que estuvo a cargo de la FMRT cuando la volaron. También, al final de la columna, es posible acceder a enlaces con más notas sobre este tema.

Explosión refiere al hecho sin más significación que esa. Explotó y basta. No remite a por qué o para qué. Carece de la profundidad necesaria para explicar lo qué pasó en la Fábrica Militar de Río Tercero aquel día. En general, a explosión se le sustituye con el sinónimo “tragedia”. Una tragedia es un episodio fortuito y fatal. Visto en perspectiva, en estas dos décadas que pasaron, en el pliegue de su ambigüedad es probable que se encuentre una respuesta a la falta de acción y memoria colectiva respecto de lo sucedido por parte de muchos sectores de la sociedad de Río Tercero y del resto del país. La ambigüedad de la definición de este acontecimiento probablemente explique parte de esta conducta.

El diccionario define a explosión del siguiente modo: “Rotura violenta de algo por un aumento rápido de la presión interior: la explosión de un neumático, de un globo” y “Liberación brusca de una gran cantidad de energía encerrada en un volumen relativamente pequeño, produciendo un incremento violento y rápido de la presión, con desprendimiento de calor, luz y gases”.

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Así, la explosión puede contener al accidente (“Suceso eventual del que involuntariamente resulta un daño”) o al hecho intencional, donde alguien tiene la intención de hacer un daño. La Justicia determinó en el juicio oral que se realizó en 2014 en los tribunales federales de Córdoba que había intención, pero la reproducción de lo sucedido estuvo atado a la ambigüedad de la palabra que lo explicaba. Hay que agregarle la lejanía de la ciudad de Río Tercero, en el interior de la provincia de Córdoba, respecto al centro de poder argentino que es Buenos Aires. La distancia suma razones para terminar de entender el impacto político inversamente proporcional a la potencia de la explosión que tuvo este atentado.

La realidad es que la FMRT fue volada en una operación organizada, se presume que por el propio Estado argentino, dado que fue ejecutado en el interior de la planta fabril bajo control del Ejército y planificada para que no se produjeran daños mayores a los que hubo (7 muertos, más de 300 heridos, tres barrios enteros borrados del mapa, y daños en toda la ciudad de 46.000 habitantes). Esto es, que fue diseñada por expertos en explosivos. La profundidad de “voladura” y “atentado” es muy diferente a la de “explosión”. Ninguna de las dos posee ambigüedades y, por el contrario, obligan a establecer responsabilidades que superan el perímetro del lugar donde ocurrieron los hechos.

juicio fmrt1< EL TRIBUNAL DURANTE EL JUICIO EN 2014 (Foto CIJ).

En el juicio, el tribunal Oral Federal N° 2 de Córdoba condenó a trece años de prisión a Jorge Cornejo Torino (ex ­director de la Fábrica Militar Río Tercero), Carlos Franke y Edberto González de la Vega (directores de Producción y Comercialización, respectivamente, de Fabricaciones Militares en Buenos Aires); y a diez años al mayor, Marcelo Diego Gatto, ex jefe de la sección de la que dependían los polvorines. La sentencia que aún no se encuentra firme, imputa a los cuatro militares de autores mediatos del delito de estrago culposo agravado, esto es, que se los acusa de participar de un entramado planificado para provocar la voladura.

Ver la sentencia completa.

En el juicio no estuvieron sentados ni el ex presidente Carlos Menem, ni el embajador argentino en Colombia y ex jefe del Ejército en los ’90, Martín Balza. Habían sido sobreseidos antes de la elevación a juicio de la causa, por lo que este hecho todavía no ha avanzado sobre las responsabilidades superiores en el Ejército y el sistema político.

La voladura de la FMRT se ejecutó para ocultar el faltante de proyectiles, pólvora y cañones que Argentina vendió con “la vista gorda” de Estados Unidos a Croacia y Ecuador entre 1991 y 1995. Y faltaban en esta fábrica porque era el lugar donde se maquillaban los materiales que el país ya no producía y que Fabricaciones Militares (FM) conseguía en unidades del Ejército para enviar a los citados países. Por esa razón es imposible que no hubiera responsables por encima de los que fueron condenados.

Lo dijo en 2006 con todas las letras el que fuera interventor de FM, Luis Sarlenga. Al igual que el ex director de Administración de Fabricaciones Militares, Edberto González de la Vega, confirmó que el Ejército tenía mando sobre las fábricas militares y la estructura operativa de la DGFM. En ese sentido había dicho que los funcionarios de la DGFM y los titulares de las plantas fabriles eran designados por el Ejército y no por el Ministerio de Defensa, y que éstos se reportaban directa y orgánicamente a la Secretaría General de esa fuerza.

Los titulares de las plantas fabriles eran designados por el Ejército y no por el Ministerio de Defensa, y éstos se reportaban directa y orgánicamente a la Secretaría General de esa fuerza (De la declaración de Luis Sarlenga en la Justicia en 2006).

En aquella declaración, Sarlenga implicó a los directores de Producción Carlos Franke y González de la Vega. Y como interlocutores de Franke a los generales Raúl Gómez Sabaini, Aníbal Laiño y Ernesto Bossi.

Dijo además que la FMRT era la única que estaba en condiciones de fabricar y trabajar con los cañones CITER, los obuses y la munición relacionada. Esas son justamente las armas que fueron vendidas a Croacia. Sobre ese tema, apuntó que Franke y González de la Vega eran quienes se comunicaban y daban ordenes a las fabricas.

Después señaló que los cañones Otto Mellara importados de Italia fueron entregados por el Ejército para ser vendidos a los Balcanes y que cuando él llegó al cargo de interventor, habían desaparecido de Río Tercero. Precisó que la FMRT no estaba en condiciones de fabricar ese material y sólo había algunas partes sueltas.

Atentado en la FMRT: Sarlenga declaró y complicó a Balza y al Ejército.

En definitiva, Explosión no es equivalente a Atentado o Voladura. Tampoco sus efectos trasladados a todos los planos. Las palabras nos ayudan a construir representaciones y categorías para comprender los hechos. En este caso, además, las palabras en cuestión adquieren una dimensión sustancial porque se trata de un episodio sobre el que se quiso escribir una “historia oficial” que maniataba a la verdad. Parte de ese relato voló por los aires en este tiempo y ahora habrá que ver si los capítulos restantes pueden ver la luz.

OTRAS NOTAS SOBRE EL ATENTADO EN LA FMRT

El día que se supo que a la FMRT la volaron intencionalmente.

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Atentado en la FMRT: Sarlenga declaró y complicó a Balza y al Ejército.

Atentado en la FMRT: Elio Acosta, el “perejil” que pudo eludir su destino.

Sentencia de la voladura de la FMRT (2015).

También agregó algunas notas que publiqué en Clarín, en 2003, con motivo de las pericias que confirmaron la voladura y que revelan el paso a paso de aquellos días:

Río Tercero: peritajes apoyan la teoría de la explosión intencional.

Río Tercero: más peritajes abonan la teoría del sabotaje.

El peritaje averió la teoría del accidente.

Río Tercero: ordenan investigar el caso como un atentado.

ana grittiLa verdad y la voluntad. Hoy hablamos de atentado o voladura, sin embargo durante muchísimo tiempo el sistema de poder no quiso permitir otra respuesta que no fuera accidente para explicar lo que había pasado en la FMRT. La verdad llegó gracias a aquellos que como la fallecida Ana Gritti -Foto de la derecha, viuda de Hoder Dalmasso, una de las víctimas del atentado-, Omar Gaviglio y Alfredo Hraste, entre muchos otros, lucharon por “verdad y justicia” durante estos 20 años, tanto en la causa de la FMRT como en la de tráfico de armas a Croacia y Ecuador. Muchas veces lo hicieron en la mayor de las soledades y sorteando obstáculos de todo tipo. Si bien, todavía no se ha completado el camino para sancionar este atentado, sin la voluntad de ellos lo recorrido hubiera sido imposible.

Los siete muertos

>Romina Torres (15). Junto a una compañera de la escuela Nacional José Hernández, escapaba en barrio Escuela de las explosiones que sacudían a la Fábrica Militar. Estaba abrazada con su amiga, cuando un pedazo de metal alcanzó su joven cuerpo.

>Aldo Aguirre (25). Trabajaba para una empresa de conservación de los espacios verdes. En aquella calurosa mañana, realizaba tareas en inmediaciones de la estación terminal de ómnibus. Ayudaba a otras personas, conmocionadas por el desastre. Estaba colaborando con una mujer, cuando una bala alcanzó su rostro.

>Leonardo Solleveld (32). Desde su casa en barrio Cerino corrió a buscar un auto para sacar a su familia del desastre. No lo pudo hacer. A pocas cuadras de su domicilio una bala acabó con su vida.

>José Varela (51). Trabajaba en la Fábrica Militar y era de Corralito. Estuvo en el interior de la industria durante horas, soportando los estallidos. Por la noche, cuando era llevado por un amigo a su pueblo para ver a su madre, murió de un ataque al corazón.

>Hoder Dalmasso (55): Era profesor de la ENET (Actual Ipem) una de las escuelas más cercanas al epicentro del desastre. Luego de evacuar con otros profesores a los 500 alumnos que albergaba el establecimiento, su vida se detuvo con la tercera explosión. El “Rayo”, como todos lo conocían, murió de un ataque cuando iba en su vehículo.

>Laura Muñoz (27). Junto a su familia, huía aturdida por las explosiones y las esquirlas que regaban barrio Escuela. Un pedazo enloquecido de metal, se la arrebató de los brazos a su hermano Fabián.

>Elena Rivas de Quiroga (52). En su bicicleta se dirigía, luego de la primera explosión, a la casa de unos parientes en barrio fábrica. Quería saber si alguno había resultado herido. No pudo hacerlo. Una esquirla hirió su cuerpo y cayó de su bicicleta. Murió días después en Córdoba.

 

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