“Del básquet tomé opciones para la vida”

242-tapa oberto-jpgFabricio Raúl de Jesús Oberto (37), 208 centímetros de altura, 109 kilos de peso, y un diente de plata, sostiene que es un tipo muy porfiado. Cuando se pone algo entre ceja y ceja no se detiene hasta alcanzarlo. Su historia da crédito a esta afirmación: primero llegó al Club Atenas de Córdoba para jugar con su ídolo Marcelo Milanesio y, hay que decirlo, pasaron 11 años entre que lo imaginó (a los 7 años) y pudo conseguirlo. Después se propuso llegar a la NBA y también tuvo éxito, doce años más tarde. Desembarcó en Estados Unidos en el momento justo y lugar indicado: compartió equipo en San Antonio con el mago del básquet argentino Emanuel Ginóbili y entre los dos se pusieron el anillo de campeones de la Liga más importante del mundo en la temporada 2006/2007. El empujón a su destino se lo había dado otro título inolvidable: la medalla dorada con Argentina en los Juegos Olímpicos de Atenas 2004. Dice también que toda su carrera se la debe al trabajo y que no hubiera sido nadie si no hubiera entrenado como entrenó.

  • Publiqué este perfil en la edición del mes de agosto de 2012 de la revista Convivimos. La producción fotográfica estuvo a cargo de Daniel Cáceres.

Afuera de la cancha Oberto se ríe. En su twitter (@obricio7) 440 mil personas siguen a diario sus comentarios y se enganchan con su programa de radio vía Internet que pone al aire cuando sus múltiples ocupaciones lo dejan, momento que, justamente, anuncia con un twit. Mucho rock –es un fan del género y colecciona en su memoria anécdotas de recitales a los que concurrió y concurre en todo el mundo-, vídeos de grandes bandas, apariciones de sus amigos, sorteos y reflexiones componen el menú.

El Deseo, Alta Esperanza, y Fabricio Oberto#7 son los nombres de las marcas de sus vinos, que elabora en su bodega Alta Esperanza, en Tinogasta, Catamarca. Además, vende camisetas de Atenas, la selección y los Spurs con el número 7 (su número) en el sitio fabrioberto, y, por si esto fuera poco, exhibe fotos, premios, medallas, camisetas y todo tipo de objetos de su carrera que se cruzan con el básquet como tema en Mundo Básquet!, el museo que fundó en Villa Carlos Paz, en la provincia de Córdoba.

Las guitarras son su otro berretín. Una eléctrica Telecaster, original de la banda Nirvana, que compró en una galería de Phoenix, Estados Unidos, luce impecable colgada en una de las paredes del living de su casa en Córdoba; Los Piojos le regalaron una acústica porque tenía “todas eléctricas”. Y encima del sillón descansa una criolla, la que usa en sus ratos libres. Fabricio aprendió a tocar la viola en Valencia, España, con el bajista de Seguridad Social, Javi Vela, como profesor. En esa época conformó un grupo al que llamaron The Pipis donde su socio musical fue el correntino Federico Kammerichs, que se hizo cargo del bajo, además de vaciarle cada tanto su heladera. Ahora, para no quedarse con las ganas, montó una sala de ensayo donde bajan sus amigos a tocar y zapar. También pasa trotando por las calles del barrio donde vive y, como si estuviera en la ciudad donde nació (Las Varillas, Córdoba), saluda a todos los vecinos.

Su casa parece un enorme departamento de soltero, salvo por las huellas que caprichosamente pone en todos los rincones Chuchu, su hija de 6 años. Una enorme foto en blanco y negro de Fabricio caminando en un parque con ella de la mano atrapa todas las miradas. La bici rosa la espera, apoyada en la puerta del salón desde donde su papá hace el programa de radio por Internet y en donde ella la dejó. Hasta las zapatillas blancas que Oberto usó en el Pre-Olímpico de Mar del Plata, el año pasado, llevaban la inscripción de Chuchu en la lengüeta. Aquí es una princesa. Hace y deshace.

Un termo con el número 7 pintado con birome azul está sobre la mesa del comedor. El mismo que recorrió el mundo junto a la Generación Dorada, que convirtió a Argentina, desde 2001 en adelante, en una potencia mundial del básquet (las otras son Estados Unidos, España, Serbia, Croacia, Lituania, Rusia, y Grecia), un deporte en el que siempre había ocupado el pelotón del medio. Generación Dorada es ya una marca registrada: la de Oberto, Ginóbili, Kammerichs, Andrés Nocioni, Carlos Delfino, Luis Scola, Juan “Pepe” Sánchez, Hugo Sconochini, Rubén Wolklowyski, Pablo Prigioni, Alejandro Montechia, Daniel Farabello, Walter Hermann, Gabriel Fernández, Leonardo Gutierrez y Leandro Paladino. Cuando el diario La Nación realizó una encuesta entre sus lectores y 50 periodistas especializados en deportes, el título olímpico se ubicó como la máxima conquista deportiva del país a nivel de equipos. Incluso por encima del Mundial de Fútbol México 1986, que tuvo a Diego Armando Maradona como estandarte.

“Oberto fue una de las grandes razones del éxito del básquetbol argentino en la última década. Él y Scola fueron la mejor dupla de centros del mundo. Por ahí, Fabricio fue un poquito menos reconocido por no hacer las cosas que lucían, pero hacía lo que cada DT y compañero quería de él”. Manu Ginóbili a Cadena 3.

“Fabricio siempre supo adónde quería llegar. Es de esas personas que trabajan a diario para lo que quieren. Nunca se puso un techo y así llegó a lograr títulos, ser jugador NBA, y un gran referente del básquetbol”. Rubén Magnano, DT de Brasil, a Cadena 3.

Quizá lo que atesora define su lado B. Preserva sus primeros dos casetes -uno de Los Beatles y otro de Trulalá, un grupo de cuarteto cordobés- que le regaló su papá incluso antes de que aprendiera a jugar al básquet y que marcaron su gusto por la variedad musical, aunque, como él dice, su amor es el rock y en particular el grunge; hay consolas de juegos de todos los tiempos; un tocadiscos Winco que usaban sus viejos; y el velador que trajo de su pueblo -está hecho con una óptica de auto, cuerina y una base de madera: “Imaginate cómo estábamos”, apunta-. La contracara es el futuro: Toda la alta tecnología que existe y le interesa, la tiene. Fanático de Apple, dice que tiene una regla: “No comprar las primeras versiones, porque seguro que sacan otras nuevas que son mejores”. Lo más exótico: una remera con ecualizador que responde a los estímulos sonoros que le llegan por vía del micrófono.

¿Cómo hacés para encontrar tantas cosas?

Creo que la definición mía es que soy re-gitano. “Te cambio eso por 2…”, es mi muletilla; no ando con muchas vueltas, me gustan todas esas cosas. Acá hay montón de objetos de mis viejos o míos. Tengo hasta la licuadora de los famosos licuados que me habrán escuchado hablar (N.de R: es un especialista en licuados; sus amigos y compañeros de la selección son su público), es la primera que tuve, la usé todos los años. La cantidad de licuados que tiene, imaginate.

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Guardás, coleccionás y experimentás con las nuevas tecnologías. ¿Qué te moviliza?

Se basa en que para saber adónde vas, tenés que saber de dónde venís. Los de la Generación Dorada no nacimos de un repollo, y no es que nunca vimos a nadie jugar, hubo grandísimos jugadores antes de la Generación Dorada. ¿O nosotros nunca fuimos novatos? Hay que tener claro por dónde pasaron las cosas. La historia por algo es interesante, y quiero saberla de las fuentes. La tomo de esa manera, tener una radio vieja o la más nueva. Soy fana de lo “tech” y “soft”. Busco todo el tiempo. Estoy informado.

¿Qué hubieras sido si no te hubieras dedicado al básquet?

No sé si hubiera terminado de estudiar, porque comencé la carrera de contador. No sé si hubiera sido bueno en eso o hubiera hecho otra cosa. Quizá músico, no sé, trato de disfrutar y ver cómo sigue mi camino. Por ahí alguien piensa ‘si hubiera sido esto…’, y se retracta de lo que es. Yo no me retracto del básquet, no me lamento de los dos metros ocho (centímetros). Si naciera de nuevo, ojalá midiera otra vez 2 metros 8.

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INTELIGENCIA Y ESFUERZO

“Hay que ser inteligente y saber sacar lo mejor de cada uno. Yo aprendí y copié cosas de (Marcelo) Milanesio, de (Oscar “Pichi”) Campana, y también de algunos más jóvenes. Todos los días y de cualquier persona tenés algo para aprender”, afirma Oberto sobre las fuentes de sus saberes.

Siempre dijiste que Milanesio te enseñó mucho, ¿qué aprendiste de él?

A ser más inteligente adentro de la cancha, a pensar el juego, a ver más. Siempre te daba algo nuevo.

¿Cuándo te planteaste que lo tuyo era el básquet?

En 1993 estudiaba en la (Universidad Empresarial) Siglo 21 y ya estaba en Atenas. Un día lo llamé a mi padre y le dije: ‘Las dos cosas no las puedo hacer, quiero jugar al básquet, dedicarme full time, de lleno, poner todo’. Me dijo que sí y después fue un vértigo. En diciembre fui a la selección mayor. Fue increíble de ahí para adelante…

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¿Quién te marcó en tu vida?

No sé, creo que la familia de uno. Lo que mamás de chico. Ellos me dieron apoyo siempre, no me dejaron tirar la toalla en momentos complicados. Comencé a trabajar de chico; pasó todo por trabajar, mejorar cosas… Después, en el básquet, en todas las personas que conocí, en saber escucharlas y saber aprender de lo que te dicen. Hay consejos que son repetidos, que no sirven, y otros que hay que leer entre líneas para saber lo que te están diciendo y tomar una filosofía. Muchos ejemplos pude materializarlos, los tomé para mí y espero que eso se lo pueda pasar a mi hija.

Oberto es de los que cree que estudiar es importante en la vida. Lo aprendió en carne propia porque su padre le puso como condición para ir a Atenas de Córdoba que debía finalizar el colegio secundario. Recién después partió a la aventura de su vida. “Es una de las mejores cosas que hicieron mis viejos”, aseguró hace unos años en una entrevista periodística. “Muchos ponen el deporte por delante como única opción, y la verdad es que son pocos los que viven del deporte profesional. Es necesario pelear y dar todo por un objetivo o un sueño, pero debés tener una alternativa. El colegio es eso, es una base para encarar un montón de cosas en la vida. También hay que leer”. Hoy, sigue con el mismo plan: lee y también escribe poesía.

¿Qué le dirías a un chico que sueña con ser jugador de básquet?

Lo más importante: creer en lo que puede hacer y lo que puede llegar a lograr. Hoy pasa mucho más por “hago el contrato”, que en soñar por llegar a una meta, por ejemplo jugar en la NBA o ganar un campeonato. Muchos piensan en jugar al básquet para firmar… si tenés pasión al fin llegás. En mi momento tomé decisiones dejando la parte económica y priorizando la parte personal.

BÁSQUET TODA LA VIDA

Huracán de Las Varillas es el nombre del club en el que aprendió a picar la bola naranja. Fue a los 7 años. Cuenta la historia que ni Raúl, ni su mamá Irma, ni su hermano Pablo (34) practicaron jamás ningún deporte. Fabricio concentró todo el ADN deportivo de la familia. De chico hacía atletismo, fútbol y básquet, hasta que los centímetros que iba sumando lo decidieron por el baloncesto. A los 16 pasó a Ameghino de Villa María, a 80 kilómetros de su ciudad, y luego desembarcó en Atenas, el club que más títulos obtuvo en el país (9), de los cuales Oberto es partícipe principal de uno de ellos. Con el campeonato en la mochila partió a Grecia, al Olympiakos, uno de los clubes con más historia y tradición del básquet europeo. Fue el primer salto de calidad, pero la enorme presión y una fractura en la mano hicieron de la experiencia un tiempo traumático: “Me costó bastante la vida ahí. Por su idiosincrasia viven de otra manera, el equipo tenía un profesionalismo extremo, tenía menos minutos de juego, éramos muchos internos. Fue el año que salí del cascarón en el que estaba, siempre contenido. Allá estaba solo”. La lesión hizo caer su primera chance en la NBA, en los Knicks de Nueva York. Fue suficiente; no quiso saber más nada con en el país donde nació la civilización occidental y la democracia.

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Esperó seis meses hasta que el Tau Cerámica, de Vitoria, en el País Vasco, lo llevó a sus filas. Allí formaría parte, junto a los argentinos Scola, Nocioni, Sconochini, y Fernández, del equipo que obtendría la primera Liga ACB para los vascos. De ahí saltó al Pamesa-Valencia, también en España, y luego a la NBA, a San Antonio Spurs, con Manu Ginóbili. Su destino lo llevó más tarde a Washington Wizards y Portland Trail Blazers, su último club, donde se retiró de manera temporal en 2010, a causa de problemas cardíacos de los cuales ya se recuperó.

Su evolución fue fabulosa, porque pasó de ser un jugador con capacidad ofensiva y rebotera (37 puntos a Boca, en el cuarto partido de la final de la Liga Nacional 97/98) a uno con atributos en todas las fases del juego. En Grecia sumó sacrificio defensivo y juego de rol, y en España y la NBA terminó de pulirse adicionando tiro, táctica y dureza mental. En todas las experiencias creció su personalidad aglutinante, una especie de endorfina gigante que ayudó a potenciar las conexiones basquetbolísticas y humanas que moldearon grandes logros en equipos y la selección.

De Argentina dice que “no hay egos, uno fue aprendiendo, todos supimos adaptarnos al equipo, que es lo fundamental. A veces se requiere más responsabilidad ofensiva, otras, defensiva. Por ejemplo, en el último tiempo, Luis (Scola) llegaba más al aro, y yo hacía más el trabajo sucio. La selección es el funcionamiento en equipo; es el espíritu defensivo”. Sin duda, la herencia de la Generación Dorada. ¿Cómo se forjó semejante convicción? Compartiendo. “Con Carlitos Delfino siempre compartimos la habitación en torneos y concentraciones. Los dos llevamos mucha música. Yo llevo el Ipod, lo enchufamos y ponemos un día cada uno. Él escucha de todo, por ahí se va más a lo comercial, pero yo sé que muere por Los Palmeras”.

VINOS & FUTURO

¿Cuáles son tus pasiones?

Pasan más por la familia, por compartir y recuperarla. Al básquet lo vas relegando de a poco y haciendo otras cosas. Con el básquet estás metido, continuamente pendiente y sacrificando muchas cosas. Al rock lo disfruto en el momento que puedo y las prioridades a veces son otras. Siempre van a estar unidos. Del básquet me siento muy partícipe y voy a hacer todo lo que ayude a esa pasión.

Vos dijiste: Mi talento es trabajar mucho. ¿Tu carrera se paró sobre ese pilar?

Mucho trabajo, sin entrenamiento no puedo hacer nada.

¿Y con los vinos o los productos electrónicos qué factor predomina?

Ahí es más estrategia o ir aprendiendo. Me gusta aprender, me gusta saber en qué me meto, y de a poco prepararme en otras cosas. Hay gente muy especializada para conocer. A mí me gusta aprender, no hacer el negocio o pensar sólo en la rentabilidad.

Aprender figura en muchas respuestas, ¿por qué?

Soy abierto al aprendizaje, el aprendizaje en todo nivel es importante. Hay que tener humildad para decir no sé hacer esto y pedir ayuda. Eso, pese a que me creo bastante autosuficiente; pero tuve que aprender. Uno va haciendo su fórmula para triunfar, trata de aplicarla y bueno, soy cabeza dura.

Hacés radio, tenés una bodega, incursionas en la venta on-line de tus productos, estás montando una fábrica para ensamblar celulares y otros productos en Villa María. ¿Qué vas a hacer en el futuro?

Hay otras cosas que me llaman la atención, que se interconectan a través mío. Voy a seguir pegado al deporte, que es en lo que tengo más experiencia. Hay muchísimos casos para sacar cosas positivas. Lo otro es diversificar lo que uno hace.

¿Cómo decidiste incursionar en campos tan diferentes del básquet?

Soy bastante inquieto y me gusta, y por ahí paso de inquieto a probar cosas nuevas. La bodega es eso. Me encanta conocer gente, otras personas que no estén metidas en el deporte, otra gama de personas para interactuar, culturizarte, para saber defenderte en la vida… De todo uno saca opciones, del básquet saqué opciones sobre cómo manejarme en la vida, y de estas experiencias, también.

 

ÍNTIMO

¿Una comida?

Milanesas.

¿Un auto?

Ford Mustang GT500.

¿Un lugar?

Córdoba.

¿Un perfume?

The One, de Dolce & Gabbana.

¿Qué jugador le presentarías a una civilización extraterrestre como la síntesis del básquet?

Le presentaría un equipo, una mezcla de jugadores de todo el mundo. Habría muchos argentinos…

¿La medalla de Oro en Atenas 2004 o el anillo de la NBA?

Son diferentes situaciones… elijo Atenas 2004, la selección campeona olímpica. Lo de los Spurs era más previsible.

GANADOR

Con Argentina: Medalla de Oro en Atenas 2004; Sub-campeón Mundial Indianapolis (EE.UU) 2002; Medalla de Bronce en Pekín 2008; Campeón del Premundial Neuquén 2001; Campeón Panamericano 1995. San Antonio Spurs: Campeón NBA 2006/2007. Tau Cerámica (España): Campeón Copa del Rey y Liga ACB 2001/2002. Pamesa Valencia (España): Campeón Copa ULEB (Torneo Europeo) 2002/2003. Atenas de Córdoba: Campeón Liga Nacional 1997/1998; Liga Sudamericana 1997 y 1998; Panamericano de Clubes 1996; y Sudamericano de Clubes 1994.

RECAMBIO

Londres es el último capítulo de la Generación Dorada ¿Por qué no hay una sustitución del mismo nivel que la de ustedes?

Van a salir buenos jugadores y va a haber un equipo nacional bueno. Lo que después mide un poco todo esto es el rendimiento. Creo que comparar un equipo con otro siempre es algo complejo. Después se mide por lo que uno ha podido lograr. Me pasa a mí y a todos. Están los logros, la forma de jugar, muchos elementos. Creo que esta generación, lo que trata de dejar es un legado de estilo de juego y sin perder de vista que nosotros también aprendimos de otros jugadores. No es que nosotros inventamos esto. No, nosotros vimos jugar a una generación que jugaba muy bien al básquet.

 

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