El día que se supo que a la Fábrica Militar de Río Tercero la volaron intencionalmente

rio tercero-tapa clarin-1999Pasaron ya 15 años de esta nota que publiqué en el diario Clarín el 20 de abril de 1999. La magnífica fotografía de la tapa del diario fue realizada por Marcelo Cáceres. La cobertura la realizamos en Serrezuela, en la provincia de Córdoba, en un solitario campo militar donde se hacen este tipo de pruebas. Fue la primera pericia sobre la explosión y el empujón que derrumbó la teoría del accidente que habían impulsado el presidente Carlos Menem y su gobierno desde el 3 de noviembre de 1995, cuando se produjo la voladura. Luego siguieron otras pruebas, ensayos y denuncias que pudieron establecer lo que había sucedido. Cabe aclarar que aún no se desarrolló el juicio sobre este terrible episodio. A continuación el artículo publicado en abril de 1999.

La explosión de la Fábrica Militar de Río Tercero, el 3 de noviembre de 1995, no habría sido un accidente. Esta conclusión fortalece los indicios de que pudo haber un acto intencional, para ocultar posibles rastros de las maniobras de tráfico de armas en las que se involucró la Argentina entre 1991 y 1995. Este dato clave surgiría de las pericias químicas que se hicieron ayer (19 de abril de 1999) en el polígono de tiro que Fabricaciones Militares tiene en Serrezuela, 300 kilómetros al noroeste de Córdoba.

Las tres variantes de accidente que figuraban como iniciadoras de las llamas que habrían desatado la posterior explosión en cadena se quemaron sin siquiera echar humo:

>El efecto lupa -rayos de sol que calientan un vidrio y éste enciende el explosivo llamado TNT- fue descartada antes de empezar, porque a las 9 de la mañana, la hora en que explotó la planta de Río Tercero, esta variante era imposible.

>La chispa del montacargas Yale, que tiene pintado un 13 en sus laterales, no pudo siquiera tiznar el pan de trotyl que uno de los peritos sostuvo (pegado al escape de la máquina) durante dos minutos.

>Tampoco encendieron el TNT ni la hexolita cuando se arrojaron dos cigarrillos enteros, encendidos, dentro de los tambores donde se hizo la pericia.

En Río Tercero hubo siete muertos, once heridos graves y 300 heridos de diversa consideración.

La inocuidad de la comprobación de los cigarrillos fue tal que ninguno de los periodistas -estábamos sobre un acoplado protegido con bolsas de arena- se había dado cuenta. Omar Gaviglio, uno de los imputados y ex empleado de la planta, pasó cinco minutos después e hizo el primer relato de ese episodio, que ocurría a 150 metros de distancia. El acoplado tenía la patente X181.393, y debajo decía, sobre una chapa doblada y despintada, ciudad de Río Tercero, Córdoba.

El fiscal federal Roberto Massuet fue el que llegó más lejos con sus declaraciones. Con los resultados obtenidos hasta ahora, de alguna manera se puede inferir que no fue accidental, afirmó.

-¿Entonces hubo atentado o sabotaje?-, le preguntó Clarín.
-No puedo decir eso, respondió.

El juez Luis Martínez, que ha hecho del bajo perfil un culto, no escapó a esa regla. No adelantó opinión porque espera recibir el informe del perito oficial Marcos Sales, el miércoles de la semana que viene. Pese a ello, dijo que desde el vamos, nunca descarté nada.

Lo cierto es que, antes de esta prueba, las hipótesis eran dos: accidente, de acuerdo con las sugerencias que figuran en las pericias que hicieron Gendarmería Nacional y Policía Federal; o intencionalidad, es decir que el TNT o la hexolita sólo pueden deflagrar con una fuente de fuego muy importante –incluso, algunos expertos afirman que existe un bajísimo porcentaje de probabilidades de que suceda de esa manera- o a través de una detonación inducida. Hoy salió fortalecida la segunda de las teorías. ¿Por qué? El explosivo se encendió, pero no explotó cuando se le arrojó una estopa embebida en alcohol. Esto indicaría que debería haber habido intención de hacerlo, de encender algún objeto combustible para lograr fuego intenso. Sobre todo porque los operarios testimoniaron que pasaron nueve minutos entre la primera vez que vieron fuego y la explosión. Esa primera imagen ya era importante: El fuego salía hacia arriba como si fuera un soplete, con mucho ruido, asegura uno de ellos en el expediente.

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Los 400 kilos de TNT y hexolita que se usaron en la última prueba de ayer, dejaron en claro que es necesaria una cantidad de energía enorme para que exploten. El explosivo dentro de cuatro tambores sólo deflagró cuando se lo indujo con un detonador y un reforzador (un explosivo comprimido).

Los 400 kilos de TNT y hexolita que se usaron en la última prueba de ayer, dejaron en claro que es necesaria una cantidad de energía enorme para que exploten. El explosivo dentro de cuatro tambores sólo deflagró cuando se lo indujo con un detonador y un reforzador (un explosivo comprimido). Primero explotó el detonador; éste hizo volar al reforzador y generó una gran dosis de energía. Ahí recién estalló. La onda expansiva fue tan violenta que se sintió en el pecho del medio centenar de periodistas, policías, peritos, abogados y militares que estaban a 350 metros de distancia.

El hongo que le siguió a la explosión subió 150 metros y luego se dispersó, ayudado por el viento. Quince segundos después la nube amarillenta y densa tapó el sol por unos instantes. A la par cayeron pedazos de tierra sobre todos los que miraban, sin cascos de protección.

Las 54.380 hectáreas del polígono de tiro de Serrezuela ocupan las provincias de Córdoba, La Rioja y Catamarca. La vegetación es puro cactus y espinillos, y la arena -como si fuera talco- impregna todo. La pericia hizo revivir a este sitio olvidado, en el que trabaja habitualmente un solo militar. Ayer, 80 agentes de la Policía de Córdoba cuidaron el lado que da a la ruta 38, y el Ejército cuidó la seguridad interna.

Gendarmería Nacional no participó de las comprobaciones. En diciembre se excusó de continuar porque no tenía presupuesto suficiente. La última tarea del perito Osvaldo Farré, de Gendarmería, fue la peritación sobre explosivos. De esa evaluación surgió que no fueron encontrados 31.000 proyectiles, 26.000 de los cuales eran de 105 y 155 milímetros. El juez federal de Bell Ville, Edgardo Fillippi, estableció en otra investigación que esos tiros de cañón fueron vendidos finalmente a Croacia.

La voladura de la FMRT se realizó para ocultar los rastros del tráfico de armas a Croacia y Ecuador, entre 1991 y 1995.

La explosión está salpicada por la sospecha de que fue provocada para ocultar los rastros del tráfico de armas a Croacia entre 1991 y 1995.

En Río Tercero hubo siete muertos, once heridos graves y 300 heridos de diversa consideración. Esa descripción marca otro elemento, por lo menos, curioso: ninguna de las víctimas fatales pertenecía al personal de la fábrica. No se conocen accidentes industriales de esta magnitud con un resultado similar.

El expediente está caratulado como estrago culposo y hay cinco imputados. El fiscal Massuet no cree necesario cambiar la denominación de esa primera página, pero admite que deberá profundizarse la investigación. También es probable que la causa o parte de ella sean reclamadas por alguno de los jueces de Capital Federal que investigan el tráfico de armas. El juez Martínez juega a tres bandas: espera el informe sobre esta pericia; el lunes o martes recibiría la pericia contable que ya se sabe encontró un faltante de 31.000 proyectiles; y tiene la esperanza de que un experto de EE.UU. en explosivos entregue una opinión definitiva y decisiva.

>> Ver el artículo completo.

* La fotografía de portada es una edición de la tapa de la edición papel del diario Clarín del 20/04/1999. La toma fue realizada por Marcelo Cáceres en Serrezuela.

5 comentarios de “El día que se supo que a la Fábrica Militar de Río Tercero la volaron intencionalmente

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