Ignacio Aguirre: “Estoy enamorado de la vida”

Este bioquímico de Jesús María, en Córdoba, creó una ONG que durante más de dos décadas le ha dado pelea al Sida. Asegura que el principal aliado de la epidemia es la discriminación. Esta historia fue publicada en la edición del mes de octubre de 2013 de la revista Convivimos, con la producción fotográfica de Diego Villarruel.

Ignacio “Nacho” Aguirre (59) tiene la fuerza de dos locomotoras empujando juntas. Es un torbellino en un pueblo donde el mundo marcha a velocidad de pueblo por más que haya crecido vertiginosamente con la producción de soja. Ríe, llora, se agarra la cabeza, se comunica por celular con un paciente para pasarle el resultado de unos estudios, saluda y conversa con casi todos los que se cruza. Pero no habla de cualquier cosa, conoce obra, vida y milagro de sus vecinos. También guarda celosamente una revancha con un hincha de Boca, con el que se saludó al pasar, para un día que hoy casi nadie puede imaginar. Lo cuenta casi con un susurro: “El día que desciendan, no tiene ni idea de lo que le voy a hacer”. Por supuesto, Nacho se acuerda de cada una de las cargadas de los fans del club de “la mitad más uno” cuando su querido River se fue al descenso. “Hasta en la radio me las dedicaban”. Estamos en el centro de  Jesús María, a 45 kilómetros de Córdoba,  donde estacionar un día de semana a las seis de la tarde parece más difícil que hacerlo en pleno microcentro de Buenos Aires.

 “Los adolescentes pueden prevenir y contener con su palabra”. (Nacho Aguirre)

Fundó ACeS (Adolescentes Contra el SIDA) en 1992. Esta ONG tiene de particular que los adolescentes y jóvenes promueven una sexualidad responsable para enfrentar la epidemia y preparan a sus miembros para contener y ser solidarios con los enfermos. Cada viernes, como si fuera una misa, se reúnen en el colegio Sarmiento para hablar, organizar acciones y llegar a más chicos. De allí nacen talleres, obras de teatro, charlas y actividades de difusión sobre cómo prevenir el HIV, incluyendo el reparto de preservativos. “Ahora es fácil, no sabés lo duro que era esto cuando empezamos. Los padres decían ‘¿qué se cree este tipo, que se mete así en nuestras vidas?’. La verdad es que los pibes no tienen relaciones sexuales porque vos les das un preservativo, las tienen por la explosión de las hormonas”.

Unos 120.000 argentinos están infectados con el virus de HIV, de los cuales el 40% no lo sabe. Alrededor de 5.500 personas se infectan anualmente y 1.400 mueren cada año de Sida. Cerca de la mitad de los adolescentes no se protege en sus encuentros sexuales.

Apertura de la nota publicada en Convivimos.

Apertura de la nota publicada en Convivimos.

“No sé por qué sigo después de 20 años. Me lo pregunté muchas veces, pero no sé qué decirte”. Fue docente de la única materia que juró no dictar. “Recién me había recibido, volví al pueblo, y fui a buscar trabajo al colegio Sarmiento. Sólo había lugar para física y no me quedó otra, así que di física hasta que me jubilé. Imaginate, más aburrido que física, imposible, así que me dije: ‘tengo que hacer algo para que los chicos me den bola’. Propuse que después de ‘la confrontación bélica’ (nombre que le daba a la prueba de evaluación) hubiera un día para hablar de lo que ellos quisieran. Fijate las cosas de la vida, ahí terminó de nacer ACeS. Fue con ellos que empecé a hablar  de esto”. Dicen que el azar se presenta con puntualidad en la vida de todos, pero en la de Nacho trabaja horas extra.

Como muchos otros desafíos, ACeS nació desde el corazón. El primer sacudón fue cuando vio a uno de sus amigos frente a un semáforo. “Tenía sida, fue tremendo verlo así, con la mirada perdida. Había sido un tipo lleno de vida. Murió a los pocos días; me impactó tanto que todavía me acuerdo esa última imagen”. El golpe siguiente llegó una tarde de domingo, mientras jugaba a “la atrapadita” (correr y agarrarse) con su hija Coti, que en ese entonces tenía apenas 5 años. Escuchó en un programa de TV sobre la africanización de la epidemia de Sida. “Me quedé congelado, la miré y tuve miedo. Pensé: ‘cuando se le despierte el indio va a estar en peligro; hay que hacer algo’, y empecé”. Su mejor idea fue imitar a las trabajadoras sexuales africanas, que desarrollaban la comunicación y prevención entre pares con muy buenos resultados. Nacho estaba más que solo para semejante empresa. Entonces, eligió hablar con sus alumnos. Resultó un encuentro súper poderoso. “Soy un enamorado de la vida, y de la vida de mi hija Coti, sobre todo”, cuenta para justificar la que ha sido una de las causas de su vida.

Tapa de la edición la revista Convivimos en la que fue publicada la nota.

Tapa de la edición la revista Convivimos en la que fue publicada la nota.

Su laboratorio lo define. Tiene en la entrada una chapa que no lleva su nombre. Dice: “Héctor Aguirre, bioquímico”. Era su papá. “Mi viejo decía que los Aguirre usábamos el humor como elemento de defensa personal”, cuenta Nacho, por lo que podemos inferir que don Héctor le transmitió su carácter al hijo.

Pasa muchas de las horas del día trabajando en este lugar que no tiene ningún lujo. Además de su actividad privada como bioquímico, hace análisis gratuitos de HIV y distribuye preservativos. Las paredes están revestidas con azulejos blancos como en los hospitales. Hay caramelos, recortes de diario, premios y fotos (de su mujer, Marta, que es ginecóloga; su hija, y su padre). La sala de espera tiene la puerta de calle siempre abierta, por donde se cuela la risa de Nacho y sus colaboradoras.

¿Por qué está abierta la puerta?

Cuando le hago un análisis de sangre a algún chico, le doy un caramelo, así que después, cada vez que pasan por acá, entran solos a buscar otro. A veces pienso que con lo que se adelanta el inicio de las relaciones sexuales, un día de estos, alguno va a venir a pedirme un preservativo en lugar de un caramelo.

Cómo comunicarse: nachoaguirre@live.com o en Facebook: ACeS.

 

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