Jorge Rojas: Vivir, amar y cantar

“El camino y la música me llevaron por sensaciones y amores increíbles”, asegura Jorge Rojas, quien inició su aventura con Los Nocheros en 1993 y hoy, como solista o junto a sus hermanos Lucio y Alfredo, desarrolla una carrera signada por el éxito. No es casualidad, el camino, el amor y la música componen el “yo” de Rojas. Un recorrido por sus pasiones y apuestas.

Por Fabián García. Fotos: Eugenio Adorni. Desde Marca Borrada (Salta). Aquí Vivimos, Agosto de 2011*.

Dice que es un tipo enamoradizo y hay que creerle. “Con tanta belleza que hay en el mundo, cómo no te vas a enamorar”, afirma con picardía Jorge Rojas (39). Su mirada cuenta más que su sonrisa, mientras besa a todas las mujeres que lo siguen sin importarles nada hasta Marca Borrada, un paraje metido tan adentro del Chaco Salteño, que el río Pilcomayo, el límite de Argentina con Bolivia y Paraguay, en el Norte extremo de nuestro mapa, pasa por la puerta de su casa. Jorge, su padre Lucio y también su abuelo se criaron aquí y, se sabe, cuando uno encuentra su lugar en el mundo se queda para siempre. Por eso, después de haber dejado la caravana interminable de Los Nocheros, en la que recorrió medio planeta y participó de un éxito parecido a un terremoto que movió las fronteras musicales y de público del folklore, Rojas vuelve a su tierra todo el tiempo.

“(…) Volví para ver el sol, que sale de la ribera
bailar una chacarera, de nuevo junto al fogón
cantando de corazón, debajo de la brea.

“La luna que alumbra más, y el brillo de las estrellas
no se encuentra donde quiera, el cielo que han de mirar
yo sé que no hay otro igual, como el de mi tierra”.

La poesía de Marca Borrada, la chacarera que escribió para inmortalizar el pago, deja ver este sitio olvidado, que en realidad más que de criollos como los Rojas es de los Chorotes y los Wichís, comunidades aborígenes que sobreviven como pueden. Aquí, en el departamento Rivadavia, en el norte salteño, se cuentan los mayores índices de pobreza del país. Los dos pueblos originarios son pescadores y recolectores y viven de la pesca artesanal en el Pilcomayo, los frutos del monte y, desde hace un tiempo, también de los planes sociales del gobierno. Son 120 kilómetros de caminos de tierra rojiza los que llevan a San Antonio Este, La Merced y Marca Borrada -en ese orden- desde la ruta 34. 120 kilómetros de monte chaqueño interminable, denso, imperturbable, único, altivo, mágico. Kilómetros libres para los pájaros que se atreven a ponerle música al silencio. Tierra de soledades que hasta hace un par de años ni siquiera tenía luz eléctrica. Con 12 años, Rojas salió a fuerza de sueños por este mismo camino a Tartagal, la primera ciudad que todos nombran por aquí. Marca Borrada tiene que ver con su carácter y su destino: “acá te hacés duro en serio”, afirma.

jorge rojas -aqui vivimos 001-web¿Cómo hacés para cantarle al amor y seducir a las mujeres de la ciudad, siendo que aquí sólo hay monte y soledad?
En el monte hay amor, hay historias de amor muy profundas. En la ciudad podría ser en cada vereda, en cada calle; acá también las hay, en el río, en la naturaleza, en esto que nos une, que nos hace ser parte del universo. Hay soledad en la ciudad y hay soledad acá; te relacionás allá y te relacionás acá. Son historias distintas, pero son historias de amor.

Dijiste que tu identidad musical se forjó acá, ¿cómo es esa música?
Este lugar nos marca la esencia musical. Acá aprendimos a bailar sólo con el sonido de un violín y un bombo. Esos eran los dos instrumentos con los que yo vi bailar desde que era chico a mis abuelos en este patio, bajo esta brea. Aparecían ‘violinistos’ y ‘bombistos’ y tocaban, y la gente se alegraba solamente con eso, con la luz de un mechero y algunos fogones encendidos; y eso me marcó. El violín y el bombo, el de acá, el del patio, es el que nos hacía emocionar, nos hacía vibrar, el que nos hacía pararnos para bailar una chacarera. Sí, esas melodías me quedaron adentro. Después, a medida que fue pasando el tiempo, con Los Nocheros, descubrí otras expresiones que ampliaron mi horizonte, con las que me pasaron cosas muy fuertes, como con la música latinoamericana. Con los ritmos tropicales aparecieron en mi camino los sonidos de los cueros y la música que venía en ellos desde África. Me encontré con músicos de muchos lugares del mundo y hoy mi música es así también. Los discos que hice tienen apertura, tienen mi música, la que llevo de acá, más todo lo demás.

¿Alcanzaste tus sueños?
Sí, lo logré. Aprendí a que cada día hay que ponerle objetivos nuevos, que cada día hay que intentar crecer, descubrir, que eso te motiva siempre. He cumplido un sueño y esto que me pasa ahora ni siquiera lo soñé, no estaba en un sueño. Empecé a poner cosas en el plano de los sueños al salir de acá, cuando comencé a hacer música, o la primera vez que subí a un escenario con toda la ilusión, a los 15 años en la peña, y había que tener mucho coraje para presentarse, subir y cantar. Recuerdo que fui con mi guitarra a la Casa de Güemes en Salta, pedí tocar y cantar y el dueño de la peña me miró y preguntó: -¿Qué cantás? –Si usted me escucha, me dice si le gustan mis canciones, le respondí.

Subió, cantó y siguió cantando. Se hizo amigo de Los Nocheros en la noche de las peñas salteñas hasta que lo llamaron para integrar el grupo en agosto de 1993. En el verano del año siguiente, apenas cinco meses más tarde, consiguieron el premio Consagración del Festival Nacional de Folklore de Cosquín y ya no pararon de girar. Mario y Kike Teruel, Rubén Ehizaguirre y Jorge le pusieron nombre y apellido a un estilo diferente, latinizado dentro del género, que salió de tierra adentro, conquistó las grandes ciudades y las audiencias de varios continentes, y sobre todo, los corazones de miles de mujeres. Rojas formó parte de esa experiencia una docena de años y, en 2005, se largó solo.

los rojasAl principio fue un Nochero solitario, pero cada disco nuevo mostró sus incursiones por otros rumbos, tanto en intensidad de la composición, como en ritmos que mixturó (el más notable es “Mi voz y mi sangre”, 2009). Nunca dejó las zambas, chacareras y canciones melódicas latinas, pero agregó huaynos, chayas, coplas y géneros tropicales para darle forma a la construcción de su identidad de artista global. Su banda no es una formación tradicional folklórica, según el trabajo o el tema, suma instrumentos eléctricos como el bajo o la guitarra, o acústicos (guitarra), o apela a la batería, los cueros (percusión), teclados, bandoneón, sikus, quena o charango. La danza es otra seña de su elaboración, que se manifiesta en sus espectáculos en vivo, que son muchísimos (en temporada de festivales tiene un promedio de tres presentaciones por semana). El origen de esta búsqueda está en la infancia del patio de tierra donde el hecho musical estaba asociado a la alegría del baile. Rojas no es un cantor clásico como pueden serlo el Chaqueño Palavecino o Soledad, avanza sobre otros campos de la creación porque visualiza y proyecta sus discos como autor, intérprete y productor. Es consciente de que sus seguidores lo son porque su obra es tradicional  (“Una sola voz”, el CD de Los Rojas, hecho con sus hermanos Lucio y Alfredo, rescata cien por ciento la raíz folklórica) y a la vez está hecha para quienes desean fuego y melodías latinas. Esa diversidad la lleva en la sangre: Su maestra del primario en comunidad La Merced, Lidia Mamani, cuenta que había muy pocas familias de criollos, la enorme mayoría eran de Chorotes. “Antes, los criollos ni siquiera comían con los aborígenes. En cambio, los Rojas sí, nunca tuvieron problemas para jugar y comer juntos. Jorge, que fue el primero de la familia en venir acá, compartía el pan que le daban en la casa con sus amigos de la escuela”. Su travesía Nochera hizo el resto.

SU OBRA

La Vida (2005).

Gira la Vida (2007). Un DVD y CD.

Jorge Rojas (2007).

Mi vos y mi sangre (2009).

Una sola voz (2011), junto a sus hermanos Lucio y Alfredo.

Con Los Nocheros compuso, entre otros temas, solo o de manera compartida: No saber de ti, Victoria, Ausencia, Signos, Tómame, Nuestro Secreto, Ciego de amor, y La Yapa. Entre otros artistas, produjo discos del Chaqueño Palavecino, como “Chaqueñadas”, “La Ley y la Trampa” y “Juan de la Calle”.

CONFESIONES
El corazón de Rojas está en sus canciones. Y el corazón de sus seguidoras es para él. Liliana Celayes (45) es transportista escolar en San Jorge (Santa Fe). Asegura: “Yo vi 67 shows”. En esta oportunidad recorrió más de 1.700 kilómetros junto con Sandra Capeletti (45), Ramona Zabala (50) y María Luján Martín (23) para estar en el Festival de la Cultura Nativa (ver El Festival), se puso a trabajar en la cocina que alimenta, con sol y con luna, a los amigos y amigas que llegan desde todos los lugares hasta el rancho de los Rojas. “Jorge es la razón de mi alegría, despierta cosas que son increíbles. Mirá que lo vi muchas veces, pero nunca es el mismo. Sabés, yo creo que me canta ‘No saber de ti’ en cada show, me busca y me encuentra con la mirada”. Mariano del Mazo, periodista especializado en espectáculos, escribió en Clarín que Rojas es un objeto de deseo. Habría que agregarle que conoce el corazón de las mujeres.

¿Jorge, quién sos hoy?
Ha pasado mucho en el camino. Veinte años recorriendo el país, compartiendo, descubriendo; en momentos en una nube, en momentos pisando la realidad; creciendo, tomando decisiones como cualquier hombre en la vida. Estuvo el momento de la gira interminable, donde eso era lo único y más importante. Llegó el momento de ser padre (tiene tres hijos), el de reconocernos internamente, de reconocer nuestra raíz y lo que somos. Todas esas cosas pasan en el camino, las he ido aprendiendo, asimilando, hay cosas fuertes que a uno lo ligan, como el amor a la familia, a las cosas que te enseñaron, al paisaje, a la naturaleza, siento amor por eso. Cuando vuelvo y entro al monte, me siento en casa, he caminado por estos montes desde chico. Acá no había prácticamente nada, vivíamos así, volver y reconocer eso adentro, que me siguen pasando las mismas cosas, es muy lindo y lo trato de transmitir en las canciones. A través de una canción he hablado del paisaje, el color, los aromas, el amor, la necesidad, las cosas que nos duelen y las que faltan por hacer.

BUENOS AIRES Y NUEVA YORK
Suele ser como un amor prohibido al que se le entregan los mejores sueños. Buenos Aires es eso, al punto que casi nadie dice quererla desde el interior. Los Nocheros, en cambio, la sedujeron e hicieron de Buenos Aires el lugar desde donde reflejar su éxito local a todo el mundo. Jorge triunfó con ellos -no carga con esa mochila simbólica del rechazo- y marcha ahora hacia el interior de las murallas de la ciudad maldita cada vez más seguido, sin decirlo, tratando de hallar el mismo reflejo. Quizá percibe que saltar desde una provincia a Latinoamérica y otros lugares no es tan fácil, ni siquiera para él que está acostumbrado a meterse en el monte con su padre Lucio y salir indemne. Por lo pronto, ya llenó dos Luna Park para presentar el disco “Una sola voz” junto a sus hermanos y plantea que “Buenos Aires, para mí, se parece a Nueva York, es una de las grandes urbes del mundo. Tener un espacio donde tantas manifestaciones culturales aparecen, es muy importante”.

Marcado por el fenómeno Nochero, dice que vivió una película increíble, maravillosa, que después de aquel Cosquín del ’94 casi no bajó del colectivo recorriendo escenarios durante seis años. “Llegamos a hacer 260, 280 shows anuales, entre notas, videos, prensa, discos, viajes… fue increíble, una locura, pasaron cosas muy fuertes… Hubo un momento, cuando tenía 25 años, que mi pasaporte se llenaba en 4 o 5 meses con la cantidad de sellos que tenía”.

Hoy su vida es diferente. “Dos cosas bien diferentes”, remarca para separar su época Nochera y su etapa Rojas. “En ese tiempo me lancé a la aventura, ahora me preparo para lo que tengo que hacer, preparo espectáculos, soy productor, autor, me tomo mucho tiempo para hacer las canciones, el tiempo suficiente para dejar en ellas lo que necesito dejar”.

No improvisa. Estudió cómo mejorar sus composiciones y aprendió a bailar mejor de lo que sabía. Su hermano Alfredo Rojas (31) relata en la larga mesa, al lado de la brea, que Jorge eligió la localidad de Anisacate para radicarse, a 10 kilómetros de Alta Gracia, en la provincia de Córdoba, porque está a medio camino de todo. “Córdoba es folklore y es el centro”, explica. Los Rojas alternan su vida entre Córdoba, Marca Borrada y los festivales y shows de todo el país. También es un hombre que cuida los detalles. “Una sola voz” es una muestra de esa arquitectura: “Jorge sintió la necesidad de hacer un trabajo bien folklórico; entonces él, Lucio y yo nos preparamos mucho, estudiamos, nos perfeccionamos. Los temas iban naciendo bien folklóricos, con nuestras raíces”, agrega.

CANCIONES Y MUJERES
Marca Borrada podría llamarse Rojas y daría lo mismo. Todo lo hicieron ellos, es obra de sus manos: levantaron paredes, tiraron alambrados, hicieron pozos, hacharon leña, siguieron los rastros del monte. Están acostumbrados a hacer. Jorge apunta que podría ser canta-autor de música folklórica y conducir una carrera en ese sentido, pero aclara que su horizonte es mucho más amplio: “Mi amor por la música es muy importante”. Escucha autores y ritmos distintos todo el tiempo y se conmueve con ellos. Ha dicho ya en otros reportajes que el acto creativo es maravilloso. Cree que “la música tiene la capacidad mágica de cruzar una frontera, de romper la barrera del idioma, puede hacer todo”. Revela que cuando elige las canciones para un disco termina poniendo un poco de cada una de las pertenencias de las personas que le dan vida, las del autor, el compositor, el productor, el intérprete… Anuncia que va a seguir sorprendiendo: “Me gustaría hacer un disco de zambas, otro de autor, y ser el cantor de una orquesta. Cuando una orquesta suena, hermano, es maravilloso. Vibro cuando hay una banda que suena bien, cuando hay músicos que te transmiten cosas, me emociono. A eso no me voy a cerrar nunca”.

Cuando componés, antes de terminar una canción, ¿te conmueve a vos?
Sí, seguro, tiene algo, capaz que tiene la frase; o la melodía me salió y de alguna manera es visceral. Pero sí, de entrada hay algo que me conmueve, por algún lado tiene algo que me hizo terminarla, que me hizo tener ese romance… porque uno entra en romance con la canción. La canción es igual que una mujer, te tiene todo el día pensando en ella.

EL FESTIVAL
El Festival de la Cultura Nativa e Integración Latinoamericana tuvo este año su tercera edición. Jorge Rojas convoca para ayudar a cambiar la realidad de la comunidad La Merced y el Chaco Salteño. En esta edición se realizaron actividades educativas, de salud y deportivas, además del festival artístico. Según Gendarmería Nacional, que administró las donaciones, llegaron en los cuatro días entre 12 y 15 mil personas. Desde el inicio, consiguió que se instale energía eléctrica, un centro de salud y la ampliación del edificio de la escuela. Rojas le dijo a Aquí Vivimos que “esto es una actividad de solidaridad e integración. Nosotros le propusimos a toda la gente que viene hasta acá, que demos el primer paso. Sólo les pedimos que vengan, que traigan lo que quieran”. Agrega sobre el punto de partida: “Para mí era muy difícil volver cuando estuve lejos. Cuando termina el viaje con Los Nocheros vuelvo y me encuentro con un Chaco salteño que me dolió muchísimo. Volví a la comunidad donde fui a la escuela y tenía mis amigos, donde volví a encontrarme y los encontré abandonados. Me dio mucho dolor y empezamos a trabajar en un proyecto donde el objetivo fuera la integración y la solidaridad. Y el primer paso fue que nos conocieran, abrimos las puertas de un lugar que estaba cerrado”.

NUEVO DISCO
El haber logrado el disco “Una sola voz”, completamente folklórico, dice que lo liberó para hacer otro disco que quiere, un disco de autor, con canciones que incluyen otros ritmos. “No tiene que ver con la raíz folklórica sino con el complemento de todo esto, las vivencias que he tenido en otros ritmos y en otras músicas. He sido productor de otros músicos, todo eso va a estar en el nuevo trabajo”. Ya lo está pre produciendo, aunque todavía no tiene fecha de salida.

MARCA BORRADA
Marca Borrada se levanta a 180 kilómetros de Tartagal, 430 de Salta, y 120 de la ruta nacional 34. Está muy cerca del hito Esmeralda, en el que confluyen las fronteras de Argentina, Bolivia y Paraguay. A 4 kilómetros se encuentra comunidad La Merced, habitada por alrededor de 400 aborígenes de la etnia Chorote, mientras que Santa Victoria Este, a 10 kilómetros, es la localidad más grande, poblada por Wichis y Chorotes. En verano, la temperatura llega a 50°.


EL CHACO SALTEÑO
Es una de las regiones geográficas de nuestro país e integra el gran Chaco con Paraguay y Bolivia. Aquí, sus límites son el río Pilcomayo al norte; el Paraguay y Paraná al este; el Salado al sur; y la región del NOA al oeste. Ocupa territorios de las provincias de Salta, Formosa, Chaco, Santiago del Estero y Santa Fe. Algunas de las especies de sus bosques son el quebracho, algarrobo, chañar y lapacho.

*Este artículo fue publicado en su versión original de 2011.

2 comentarios de “Jorge Rojas: Vivir, amar y cantar

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