Las claves de lo qué pasó en la Fábrica Militar de Río Tercero

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Este artículo lo publiqué con motivo del décimo aniversario del atentado en la Fábrica Militar de Río Tercero (FMRT) en el diario La Mañana (www.lmcordoba.com.ar) el 3 de noviembre de 2005. Dice: Hay tres nombres que aparecen en numerosas oportunidades en los testimonios que tiene la Justicia: son los de Jorge Cornejo Torino, Diego Gatto y Oscar Quiroga. Hoy (3 de noviembre de 2005) se realizarán en Río Tercero diversos actos y una marcha, a las 18.30. Será para reclamar “verdad y justicia”.

ESPECIAL 20 años del atentado en la FMRT: ¿Por qué la voladura se intenta resumir en explosión?; Una muerte dudosa vuelve a sacudir la causa; y El riojano que estuvo a cargo de la FMRT cuando la volaron

Testimonio 1. Juan Pedro Dedominicci, uno de los operarios de la Fábrica Militar de Río Tercero, le dijo al conjuez Diego Estévez que en una oportunidad lo mandaron a Resistencia a buscar material militar. Iba con dos camiones y cuando pasaron por un peaje, una de las unidades llevaba uno de los ejes levantados, entonces el personal del lugar les adjudicó exceso de peso y no los dejó seguir. Entonces, ante el problema, Dedominicci relata que llamó por teléfono a Jorge Cornejo Torino, a su casa. Cornejo Torino era el director de la planta fabril y el militar, según el testimonio que consta en el expediente judicial, le había dicho que se comunicara con él ante cualquier dificultad. Dedominicci le pasó el teléfono con el empleado del peaje que no lo dejaba pasar, y Cornejo Torino habría tratado de convencerlo sin éxito. Entonces reclamó hablar nuevamente con el operario de la Fábrica y le dijo: “Dejá el camión ahí con el chofer y seguí con el otro”. El destino era el puerto de Buenos Aires, los proyectiles tenían como destino Croacia.

Testimonio 2. Juan Carlos Roldán declaró que luego de la segunda explosión sale del taller de envases y cuando lo hace, allí, frente a Almacenes estaba el mayor (Diego) Gatto con Cabral -otro operario de la Fábrica-, cree que en una camioneta Ford, de color blanca. En ese momento Gatto le pregunta a Cabral “qué le pasó” y Cabral también le pregunta, “qué te pasó Tucu”. En ese momento es que comienza a insultar a Gatto diciéndole: “Vos sabes qué es lo que pasa, hijo de mil puta, usted sabe qué es lo que está pasando”, y “diciéndole que nunca le había importado nada”. Lo sostenía el ingeniero Prettini. “En ese momento -recuerda Roldán- Gatto le dijo a Prettini que llevara al declarante a lavar la cara porque estaba con un ataque de nervios, que el testigo se fue solo a lavarse la cara”.

Testimonio 3. Sergio Daniel Montgaillard era chofer de un camión tanque Fiat Iveco, con capacidad para 32 mil litros, que estacionaba siempre en Arenales esquina Juan B. Justo, a un costado de la Fábrica y de frente a la planta de cargas de la Fábrica Militar que está a unos 200 metros de allí. En la noche del 2 de noviembre
-unas doce horas antes de la primera deflagración- apuntó que “me fue a ver un suboficial que me pidió que retirara el camión de ese lugar”, agregó que le preguntó su apellido y éste le dijo que era Corrales. Este hombre nunca antes de ese día había recibido advertencia alguna de la Policía o de los militares de la Fábrica. Corrales utilizó un Fiat Duna de color rojo para llegar hasta allí. Posteriormente, Corrales afirmó en su testimonio ante el juez que la orden de que fuera a retirar el rodado se la había dado el subdirector Oscar Quiroga.

Así lo revelan declaraciones testimoniales que se encuentran en el expediente judicial y a los que tuvo acceso “LA MAÑANA”. Con ellas y otra docena más se pueden trazar algunas claves de lo que sucedió el 3 de noviembre.

Según consta en el trámite judicial que instruye el juez Diego Estévez, hay una gran cantidad de elementos para presumir -al menos- cómo funcionaba y actuaban los militares de la FMRT.

Es que Río Tercero funcionó como el eslabón perdido de la venta ilegal de armas a Croacia y Ecuador entre 1991 y 1995. La Fábrica tuvo un rol clave no sólo en maquillar las armas, sino en hallarlas y buscarlas en las dependencias del Ejército, y reunirlas para su posterior envío. En ese esquema, y de acuerdo a muchos de los testimonios, justamente Cornejo Torino y Gatto parecen haber tenido un rol fundamental.

Es que Río Tercero funcionó como el eslabón perdido de la venta ilegal de armas a Croacia y Ecuador entre 1991 y 1995. La Fábrica tuvo un rol clave no sólo en maquillar las armas, sino en hallarlas y buscarlas en las dependencias del Ejército, y reunirlas para su posterior envío. En ese esquema, y de acuerdo a muchos de los testimonios, justamente Cornejo Torino y Gatto parecen haber tenido un rol fundamental.

La venta ilegal se realizó entre 1991 y 1995, a través de decretos firmados por el ex presidente Carlos Menem. Armas y proyectiles argentinos fueron a parar a Croacia y Ecuador y las operaciones habrían alcanzado entre 80 y 100 millones de dólares. En la Justicia Federal de Capital Federal se tramita un expediente específico por esa cuestión.

La Fábrica Militar de Río Tercero, según el Tribunal Oral Número 2 de Córdoba, fue volada intencionalmente el 3 de noviembre de 1995. Dejó siete muertos, ninguno de ellos era personal de la planta o militar.

De acuerdo a la conclusión de los peritos de la Universidad Nacional de Córdoba (UNC), la doble explosión que terminó con la planta de cargas fue simultánea, programada y direccionada por expertos. En el lugar hay huellas de un doble cráter, uno más grande y otro más pequeño. Según los técnicos, la detonación más pequeña actuó como una contraexplosión que impidió la afectación de la planta de producción química.

Respecto de la voladura de los depósitos de expedición y suministros, la primera conclusión de los estudios es que allí no había la cantidad de proyectiles, explosivos y armamentos que señalaban los inventarios, por esa razón la explosión no tuvo la magnitud que podría haber tenido de haber estado en ese sitio todo lo que decían los informes de la DGFM. Se trata de un dato sustancial, porque permite inferir la razonabilidad de la hipótesis principal: Que la FMRT fue volada para ocultar el faltante de proyectiles y armas traficados al margen de la ley.

“Se considera improbable -explican los técnicos- que la explosión de los depósitos de munición se haya iniciado en el depósito número 1, por efecto de la gran explosión en el tinglado de la planta de cargas. (…) Asimismo, y en razón de la distribución de esquirlas y proyectiles que se sucedieron, y del estudio de los vectores de los frentes de ondas producidas, no se descarta que se hubiesen producido explosiones simultáneas”. Había tres pozos con diámetros de 15, 17 y 18 metros, de las cuales “la que produjo el cráter de 17 metros puede haber actuado contrarestando la presión del frente de onda de las otras dos”. De hecho, la explosión se proyectó hacia la ciudad.

De la instrucción suplementaria que se realizó ahora en la causa y las declaraciones de operarios y otras personas, surgen, entre otros, los siguientes elementos:

– Personal de la Fábrica viajó a batallones y arsenales del Ejército a buscar armamento y proyectiles;

– Cornejo Torino viajó a Perú poco antes de la explosión del 3 de noviembre. Lo testimonia la esposa del agregado militar de la Embajada argentina en ese país en aquel momento, el coronel de Inteligencia, Rodolfo Aguilar, luego fallecido en el accidente del helicóptero donde también murió el ex titular de la DGFM, Juan Carlos Andreoli. Pese a la desmentida de Cornejo Torino, el periodista Jorge Urien Berri, del diario “La Nación”, presentó al tribunal las fotos que testimonian ese viaje a Perú.

Lo que dijo Luis Sarlenga (Foto inferior) sobre la visita a Perú.

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– Desde Río Tercero partieron convoyes de camiones (contratados a empresas de la zona) con rumbo al puerto de Buenos Aires sin que fueran controlados ni en la entrada ni en la salida;

– Las órdenes eran dadas por Cornejo Torino y Gatto;

– En una oportunidad en un Regimiento de Polvorines, en la provincia de Buenos Aires, José Víctor Dutto, un empleado de la FMRT, dijo que no quisieron entregarle los materiales que había ido a buscar, se comunicó con Gatto y éste le dijo que esperara allí. Enseguida, el jefe de esa unidad militar recibió un llamado de una funcionaria de la DGFM de apellido Cantarino y pudo partir con todo;

– Nadie que no fuera militar o familiar de los militares podía entrar o salir de allí sin registrarse en alguna de las porterías;

– El mismo Gatto fue el jefe de turno, en la noche del 2 de noviembre;

– Un Ford Falcon clarito que vio un policía de apellido Felice, cerca de la planta de cargas en la noche previa a la explosión, podría ser de un ex empleado de la FMRT. Ésa Es la zona donde la noche del 3 de noviembre, una vecina, Jaquelina Market Berazategui Fernández de Pino, escuchó ruidos de un motor de camión Mercedes Benz y de tambores que eran descargados.

* Imagen Gentileza Daniel Caceres.

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