Un debate de alto riesgo

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Contrario a lo que se dice sobre que los debates, en general, no producen grandes novedades en las campañas electorales, este puede llegar a tenerlas. ¿Por qué? Porque tanto Mauricio Macri, como Daniel Scioli, no son grandes oradores (como Raúl Alfonsín o Carlos Menem), no desbordan seguridad en sus afirmaciones, no aparecen con solidez académica o técnica (como Alfonsín o Cristina Fernández), y no son carismáticos (como Menem o el mismo Néstor Kirchner). Esas falencias personales pueden ensombrecer o producir una grieta en la extensa experiencia de gestión y contacto con los medios de comunicación que poseen ambos. Se le suma a este escenario la gran presión subyacente que va a rodear esta instancia: El candidato de Cambiemos llega con mayores posibilidades de ganar el balotaje del 22 de noviembre y en consecuencia no puede ni debe cometer errores, ni tampoco exponer puntos débiles en su imagen y discurso; y el aspirante del oficialismo se va a jugar buena parte de su destino en un territorio en el que nunca descolló.

Contrario a lo que se dice sobre que los debates, en general, no producen grandes novedades en las campañas electorales, este puede llegar a tenerlas.

DIEZ MOMENTOS HISTÓRICOS DE LOS DEBATES PRESIDENCIALES.

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John F. Kennedy el día que debatió por primera vez frente a Richard Nixon en 1960. Es el punto de partida de los debates que arrojaron ganadores. (Imagen de TV).

Son demasiados items los que están presentes para ganar o perder el debate y marcar la elección del siguiente domingo, ya sea definiéndola o abriéndola. No hay encuestas que den seguridad sobre lo que efectivamente está sucediendo en todo el país, pero es evidente que los más de 7,3 millones de votos que obtuvieron las otras fuerzas que participaron de las elecciones del 25 de octubre son el universo a conquistar. También está claro que salvo los sufragios que consiguió Adolfo Rodríguez Saa (412.000), que responden a un perfil de peronismo clásico, que mayoritariamente deberían drenar hacia Scioli; y los de Progresistas que eligieron a Margarita Stolbizer (632.000), que deberían reconducirse mayoritariamente a Macri; el resto, los más de 5 millones que optaron por Sergio Massa, van a estar en disputa por el centro del tablero. Si bien el punto de partida es de oposición al gobierno de Cristina Fernández, su fuente original es el peronismo. Visto así, sería más complejo para Macri que para Scioli, pero la estrategia de Jaime Durán Barba de alejar la confrontación del mundo de la política y la economía (Ver: ¿Y el peronismo dónde está?) y llevarlo a “Cristina sí o Cristina no”, invierte la complicación y es Scioli el que deberá resolver esa ecuación endiablada. Esta cuestión le da el centro de la escena y las mayores posibilidades a Macri, porque hasta ahora Scioli no encontró el modo de lastimar esa estrategia. Párrafo aparte para la izquierda Trotkista (Ver: Indecisos y la barba de Del Caño) que de acuerdo a las encuestas se dividiría en partes casi idénticas por los candidatos en pugna.

La estrategia de Jaime Durán Barba de alejar la confrontación del mundo de la política y la economía y llevarlo a “Cristina sí o Cristina no”, obliga a Scioli a resolver esa ecuación endiablada.

El peronismo perdió dos elecciones desde 1983: la primera, justamente, frente al radical Raúl Alfonsín. En las preliminares, el que fuera candidato a gobernador de Buenos Aires, Herminio Iglesias quemó un cajón de muerto con la bandera radical arriba del escenario de cierre de campaña. Ése gesto sepultó las pocas posibilidades que aún tenía Ítalo Luder, un candidato sin carácter. La siguiente fue en 1999, cuando Eduardo Duhalde cayó derrotado frente al hombre que había perdido la interna con Alfonsín en el ’83: Fernando De la Rúa. Esa vez aportaron a la derrota justicialista la división entre Carlos Menem y el propio Duhalde, que incluyó el asesinato del fotógrafo Luis Cabezas en el balneario de Pinamar; y el desgajamiento por “izquierda” del PJ que fue el grupo de los 8 a mediados de los ’90 y la formación del FREPASO que confluyó con los radicales en el ’99. El espejo devuelve algunas imágenes al presente: El PJ perdió por el lado derecho de su espectro ideológico a Sergio Massa, hay diferencias entre kirchneristas y peronistas clásicos dentro del propio oficialismo, y sobrevuela la muerte del fiscal Alberto Nismann como eje aglutinador del pensamiento opositor y de sesgo conservador. ¿Qué quiere decir todo este círculo? Que el debate puede no resolver nada porque ya todo está resuelto o al menos las líneas maestras de la opinión pública.

Pero el debate sigue siendo de alto riesgo para los dos. Se supone que los equipos de ambos estarán a la altura de proponer esquemas que los alejen de sus zonas vulnerables. Macri gana si logra no moverse de lo que hizo hasta ahora. Por eso, si hay que esperar sorpresas, esas debieran llegar por el lado de Scioli, que pierde si empata.

bonavena 2-b < Ringo Bonavena con Muhamad Alí.

El problema adicional que tendrán los dos equipos es que básicamente ninguno de los dos ha demostrado hasta el momento capacidad individual para asegurar la victoria. Puede que esta sea la oportunidad de descubrir si tienen el plus que se necesita para resolver duelos definitorios como este. En otros órdenes de su existencia han demostrado tenerlos (Macri en Boca o Scioli como deportista), pero habrá que ver si para este desafío presidencial los poseen. Frente a las cámaras de TV, frente a millones de personas, y parafraseando a Ringo Bonavena, una vez que suene la campana y les saquen el banquito, quedarán solos.

* En la imagen de portada, Mauricio Macri.

BALOTAJE 2015

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2 comentarios de “Un debate de alto riesgo

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