¿Y el peronismo dónde está?

scioli1Daniel Scioli parece recorrer solo el camino que lo llevará al éxito o al fracaso. Los gobernadores e intendentes peronistas que resolvieron su continuidad en las distintas fechas electorales que pasaron hacen declaraciones de tanto en tanto, pero no hay clima de campaña en las calles, ni en los barrios, donde “el pueblo peronista” es el rey. El balotaje parece dirimirse en los medios y en las sensaciones que produce ese debate mediático.

Por un lado, el sistema de medios oficialista profundiza el flanco económico que le regalaron los economistas de Mauricio Macri; mientras que, por el otro, el esquema de medios opositores se para sobre la catarata de resoluciones judiciales contra Alejandro Vanoli del Banco Central de la República Argentina (BCRA), el contrato YPF-Chevron, la causa Hotesur, o a la nueva traba a la adecuación de oficio del Grupo Clarín que intentaba llevar adelante el AFSCA de acuerdo a lo que dispone la Ley de Medios Audiovisuales. En segundo plano, se observa la limitante para los viajes al exterior que implica la eliminación de los planes de cuotas. Todo para consumo de la clase media urbana y de la Pampa Húmeda, que ha resultado el bastión electoral del candidato presidencial de Cambiemos, Mauricio Macri.

Sin duda la estrategia de Jaime Durán Barba de eludir la confrontación, como contracara de la tensión con el poder (económico y político) que planteó el kirchnerismo y del estilo de su discurso político-económico, está cosechando un éxito impensado por la mayoría de los analistas hace tres o cuatro meses. A esto debe sumarse, que la existencia de un polo de poder político claro y no perteneciente al espacio peronista ha filtrado y profundizado las diferencias en el propio peronismo que se encuentra frente a un boxeador esquivo, que no acepta el cuerpo a cuerpo, que bailotea alrededor de su rival administrando las distancias. La máxima del especialista ecuatoriano es que el 80% de los ciudadanos no está integrado al relato político y económico y que sus nexos y vínculos con el interés general son otros, si se quiere preocupaciones más cotidianas. Son sectores con poco o escaso contacto y afinidad con la política y los partidos políticos. Dentro de ese modelo de comunicación, Macri baila, habla de dialogar, juega con su hijo, dice que no se preocupen que nadie va a perder nada, y como lo estatal ya no tiene la “mala fama” de otro tiempo asegura que tampoco lo va a modificar. Lo que sí va a cambiar es al kirchnerismo y lo que se asocia a esta variante del peronismo. Y ahí es donde la política entra, pero sin el debate argumental clásico.

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¿Qué es lo innovador?: Invertir o poner todas las fichas propias en la cuestión aspiracional. ¿Qué es esto? Todas las personas buscamos “tener” o “alcanzar” aquello que no tenemos o nos falta o nos identifica con lo que nos gusta. El auto X, el IPhone de Apple, la figura femenina de Lali Espósito o la masculina de Brad Pitt, por señalar algunos ejemplos. El consumo es aspiracional porque tener algo determinado nos ubica en tal o cual sector social. “Somos” por lo que consumimos y por cómo nos movemos y relacionamos. Querer algo significa, a la vez, no querer otra cosa: La presidenta Cristina Fernández es una imagen de mujer que a la mayoría de las mujeres les costaría alcanzar y a la que los hombres temen enfrentar. ¿Por qué? Básicamente porque nunca dependió de ningún varón y ejerce el poder desde su autonomía intelectual, económica y personal. Cristina es de un modo del que son pocas mujeres aún. Eso, en lugar de generar admiración y deseo, produce lo contrario en vastos sectores sociales. Las razones son muchas, pero alguna de ellas tienen que ver con la existencia de otros estereotipos femeninos, mucho más dóciles, y centrados en el objeto (mujer fatal, linda, joven, fashion, etc.) y no en el sujeto (autonomía, capacidad intelectual, independencia, opinión propia, etc.). La habilidad de la construcción de Durán Barba es haber ligado al kirchnerismo con esta imagen de la presidenta, que produce un rechazo visceral en las clases medias y en el machismo que aún perdura en la sociedad argentina y global. Este planteo excede lo político, como materia o espacio macro donde los ciudadanos debaten sobre su futuro como sociedad y se adentra en el plano cultural, en percepciones más profundas.

Los gobernadores e intendentes que tienen el poder territorial aparecen desgajados de la estrategia principal, siendo que el único factor que podría enfrentar al cambio que plantea Durán Barba (que no esté más Cristina) es que el cambio sea el peronismo.

La estrategia de Scioli y el gobierno parece no comprender esto. Habla o se dirige al 20 por ciento de los argentinos que tienen interés marcado por la política y la economía. Puede bordear a un porcentaje del otro universo, el del 80 por ciento, con la inoculación del miedo a perder capacidad de consumo o su trabajo, sin embargo este camino tiene un tope: La realidad no es de crisis, pero no es esplendorosa. No estamos en 2011, ni en 2007, donde presente y futuro iban de la mano. Este es un tiempo donde el futuro no se puede ver con claridad y donde el presente no es malo, pero no es exuberante. A todo esto debe sumarse que el peronismo no toma partido. Esta imagen desconcierta al votante cercano al justicialismo, que reconoce en esta fuerza política el pasaporte a “la seguridad”. Seguridad en términos de resolución de problemas o momentos difíciles y, sobre todo, capacidad de gobernar, de ejercer el poder. Los gobernadores e intendentes que tienen el poder territorial aparecen desgajados de la estrategia principal, siendo que el único factor que podría enfrentar al cambio que plantea Durán Barba (que no esté más Cristina) es que el cambio sea el peronismo. Es decir, que gobierne, que mantenga lo que hay y encuentre solución al resto de los problemas. Ése es el atributo que hace poderoso al peronismo. Pero el peronismo por ahora no aparece, no se ve, no camina, ni habla. Y Scioli tampoco parece buscarlo.

3 comentarios de “¿Y el peronismo dónde está?

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